Comparto algunas reflexiones surgidas a partir del taller estratégico multisectorial que desde Vivestar S.A. dirigimos recientemente en Bolivia, junto al equipo de Chaco Energias S.A. , donde distintos actores vinculados al ecosistema energético intercambiaron visiones sobre resiliencia energética, inversiones y desarrollo sostenible.
Más allá del caso específico analizado, el ejercicio dejó señales interesantes respecto a los desafíos y condiciones que probablemente Bolivia deberá trabajar hacia adelante para fortalecer su capacidad de atraer inversiones energéticas de largo plazo.
En los últimos años, América Latina ha comenzado a discutir cada vez más intensamente conceptos como transición energética, descarbonización y desarrollo sostenible. Sin embargo, muchas veces estas discusiones continúan abordándose principalmente desde una perspectiva tecnológica o ambiental, cuando en realidad existe una dimensión igual o más importante: la capacidad de los países para construir condiciones que permitan desarrollar inversiones estratégicas de largo plazo.
En el marco del taller estratégico multisectorial realizado recientemente en Bolivia —tomando como caso de análisis el Proyecto Parque Eólico Percheles— surgieron algunas señales particularmente interesantes que, más allá del proyecto específico, ayudan a entender varios de los desafíos y oportunidades que enfrenta actualmente el país en materia energética.
Uno de los principales hallazgos fue observar cierta convergencia entre actores muy distintos respecto a algunos factores considerados fundamentales para impulsar nuevas inversiones energéticas. Representantes del sector público, empresas privadas, especialistas, academia y actores territoriales coincidieron reiteradamente en temas como previsibilidad institucional, estabilidad regulatoria, reglas claras, legitimidad social y necesidad de fortalecer capacidades locales.
Y esto no es un detalle menor.
Muchas veces, cuando se habla de atraer inversiones, se pone el foco exclusivamente en recursos naturales, disponibilidad energética o potencial renovable. Pero la experiencia internacional demuestra que las inversiones de largo plazo —especialmente aquellas vinculadas a infraestructura energética— requieren algo más profundo: confianza.
Confianza en las reglas de juego. Confianza en la estabilidad institucional. Confianza en la posibilidad de desarrollar proyectos durante décadas bajo condiciones relativamente previsibles.
En ese sentido, uno de los aspectos más interesantes del ejercicio fue comprobar que la discusión energética comienza a desplazarse progresivamente desde una lógica puramente tecnológica hacia una mirada más integral, donde aparecen conceptos como resiliencia energética, gobernanza, articulación multisectorial y desarrollo de capacidades nacionales.
Bolivia enfrenta actualmente desafíos energéticos relevantes, y probablemente resulte cada vez más importante trabajar progresivamente sobre aquellas condiciones habilitantes que permitan canalizar inversiones, reducir incertidumbres y fortalecer resiliencia energética de largo plazo.
Y justamente allí aparece quizás una de las reflexiones más valiosas que dejó el taller realizado el pasado miércoles 27 de mayo de 2026, organizado junto al equipo de Vivestar para nuestro cliente Chaco Energías S.A., con quien venimos trabajando en distintas iniciativas vinculadas a transición energética y desarrollo sostenible.
Más allá de las dificultades coyunturales que hoy atraviesa Bolivia —incluyendo tensiones sociales, cortes de ruta y distintos niveles de incertidumbre—, espacios como el desarrollado durante la jornada parecen arrojar algo importante: la posibilidad de construir ámbitos de diálogo, consenso y visión compartida para pensar el futuro energético del país.
También resultó especialmente valiosa la disposición y participación de profesionales, especialistas y empresas del exterior que, en una clara muestra de colaboración regional, decidieron apoyar y aportar experiencia al desarrollo de la actividad.
La participación de referentes como Paulina Acuña y Oscar Ferreño (Ventus), entre otros actores internacionales vinculados al ecosistema energético, reflejó además el interés que comienza a existir respecto a los desafíos y oportunidades energéticas que enfrenta Bolivia hacia adelante.
Porque, muchas veces, la resiliencia energética no comienza con la construcción de infraestructura. Comienza cuando distintos actores son capaces de sentarse en una misma mesa y discutir colectivamente cómo construir las condiciones para hacerlo posible.
Bolivia tiene oportunidades relevantes en materia energética. No solamente por sus recursos o su potencial de generación, sino también por la posibilidad de utilizar el desarrollo energético como plataforma para fortalecer infraestructura, empleo, conocimiento técnico y competitividad territorial.
Pero para que eso ocurra, será necesario construir progresivamente condiciones que permitan generar confianza y viabilizar inversiones sostenibles de largo plazo.
Y probablemente allí esté uno de los desafíos más importantes hacia adelante.